Concurso de Cuento Breve “Ecos”

Concurso de Cuento Breve “Ecos”

El Departamento de Lengua y la revista Recovecos convocan al Segundo concurso literario (Cuento breve) “Ecos”.

El tema es libre y podrán participar todos los alumnos del colegio y de la escuela 375 “Ecos Escuela Solidaria”, divididos en tres categorías:
    A: Octavo y Noveno de EGB (Ecos Escuela Solidaria) 
    B: Primero y Segundo año (Ecos)
    C: Tercero, Cuarto y Quinto (Ecos).

Los trabajos deberán presentarse de la siguiente forma:
 En un sobre con seudónimo, en cuyo interior deberá haber otro sobre cerrado con los datos personales del participante.
 En original y dos copias.
 Mecanografiados a dos espacios, tipografía Times, cuerpo 12.
 Una extensión mínima de dos páginas tamaño A4 y una extensión máxima de 4 páginas.
 Los textos no deben tener ningún tipo de publicación previa.

El jurado de preselección estará integrado por el Departamento de Lengua y el veredicto final lo dará la escritora Florencia Abbate.
Habrá un primer premio y dos menciones en cada una de las categorías. Todos recibirán una orden de compra para libros y los tres primeros premios serán publicados en la revista Recovecos que aparecerá a fin del año 2010.
Las obras deberán ser entregadas en biblioteca a partir del día 18 de octubre hasta el día 22de octubre inclusive. No se aceptarán trabajos fuera de término y que no cumplan con las especificaciones establecidas anteriormente.

Edgardo Pígoli
Coordinador de Lengua y Literatura.

Ganadores Concurso Anterior

  • Cuento ganador, categoría alumnos de tercero, cuarto y quinto año:
    “Los niños del olvido” de Victoria Seinhart. (Descargar en formato word)

En un mundo lleno de guerras, discriminación, exclusión, pobreza, indiferencia y demás modalidades genéricas de violencia, se concluyó que el origen de tanto conflicto estaba en las diferencias y que, justamente, eran esas infames diferencias las que llevaban a la, hasta entonces inevitable, muerte de unos por otros. Cabe aclarar que en este mundo no se negaba el interés por el progreso individual, lo que se intentaba subsanar era la deficiencia que justificaba el límite entre los que merecían el bienestar tanto como uno mismo y los que no. Y, como es lógico que se haga en cualquier mundo sensato, se sancionó un Decreto para poner fin a esos indiscretos contrastes que tanto martirizaban y corrompían a la vida.

Primero que nada, se decidió eliminar las contradicciones de los rasgos físicos, fuente inagotable de recursos controversiales. No faltaron representantes étnicos que proclamaran superioridades e inferioridades a los cuatro vientos, y el Decreto, cuyo propósito era apaciguar, no tardó en convertirse en su propia antítesis. Superados los primeros estadios de indignación, rechazo y ataque; realizado un importante ejercicio de diplomacia lingüística; y pagadas una serie de sumas irrisorias a influyentes individuos que pronto no podrían hacer uso de las mismas, se determinó que la población sería monocromática. El color elegido para la TGUNO (Transformación Genética Universal No Optativa) fue un simbolismo para la neutralidad, gris. El fin de la policromía fue una de las Medidas de Universalización contenidas en el Decreto, pero el mismo también incluyó: la eliminación de todo otro rasgo función fuese de carácter exclusivamente estético, la implantación de un nuevo lenguaje universal, y la eliminación de todo límite geográfico artificial.

Es hace exactamente una década, que surgió la enfermedad. Pero los habitantes de ese mundo, ya por entonces grises y monolingües, estábamos demasiado ocupados intentado adaptarnos a nuestra súbita equidad como para darnos cuenta. El sistema que regía todas las relaciones sociales se desintegró al ver que sus pilares fundamentales habían sido disueltos. Muchos hubieran querido hacer levantamientos, revoluciones, venganzas, o lo que fuese, en nombre de los intereses que ya no podían proteger, pero reconocer a los que habían causado aquella desesperante e inerte paz fue imposible.

En silencio y entre organizaciones de seres que no eran capaces de identificar ni a su líder, ni al individuo al que le tenían que presentar sus reclamos o, posiblemente, perseguir con antorchas y tridentes, fueron naciendo los niños del olvido. Hoy, en el cumpleaños número tres de mi hijo, puedo ver que no sabe, que no se da cuenta de que no siente, porque lo que es, es lo único que conoció. Sin embargo, no encuentro consuelo en la lógica de que como no siente, no sufre; porque es ese, justamente, el síntoma más oscuro que se puede ver en los ojos vacíos de tantos bebés que no han llegado a rozar los diez años de vida: no sienten nada. Absolutamente nada.

‘Los niños del olvido’ es el único nombre que el anonimato gris les concedió. Quizás, porque queremos creer que olvidan a sus padres, que los desconocen al ver en ellos incontables rostros de gente extraña. Nos negamos a considerar la posibilidad de que no pudieron olvidarnos porque, tal vez, nunca nos conocieron. Aún más impensable resulta creer que, cruelmente, el nombre les fue dado porque deseamos olvidarlos. Porque necesitamos desterrar de nuestras mentes la inexorable extinción que estos inocentes zombies representan.

El Decreto terminó con muchas de las guerras que luchábamos entre nosotros porque las Medidas de Universalización lograron borrar, casi por completo, el límite entre el yo merecedor de bienestar y el otro. Pero la pacificación artificial pudo no haber sido la única consecuencia de la desaparición de dicho límite. Con los niños del olvido, se extinguió la capacidad de sentir bienestar y la necesidad de buscar el progreso.

El único escudo de guerra que el Decreto no pudo arrancar fue la religión.  Para justificar la gris y desesperante realidad de nuestros hijos, hay quienes dicen que todo lo que está sucediendo es la voluntad de Dios, que hay que tener fe; otros creen que es la justicia prometida, que cae en hachazos sobre nuestras cabezas pecadoras. Durante los últimos años, el juicio final ha pasado a ser un tema inquietantemente recurrente. Algunos adeptos al hinduismo, y doctrinas derivadas, rescataron de la necesidad una explicación que, dada la historia conocida, ni ellos mismos creen del todo factible. El aprendizaje evolutivo de las almas habría llegado a su fin, las mismas ya habrían logrado su estado natural y habrían sido liberadas, por lo que no se producirían más reencarnaciones. También están los descreídos, que, desde su desconcierto, sugieren la posibilidad de un agotamiento de almas debido al crecimiento demográfico.

Especialistas de todo el mundo, que ya solo se identifican por portar documentos que pueden pertenecerles como no, se han aplicado en estudiar las carcasas de miles de niños catatónicos. Los niños del olvido no pueden experimentar sentimientos, no aman, no desean, no resienten, no sienten empatía, no se frustran, no tienen curiosidad; la única respuesta frente a un estímulo doloroso es el reflejo, no hay ningún tipo de manifestación emocional que lo acompañe; lo que es peor, no hay respuesta a las demostraciones de afecto, de ninguna persona, sus padres son iguales a cualquier otro extraño, un abrazo no significa nada; no perciben los códigos contenidos en los gestos; no distinguen un tono amistoso de uno agresivo, son solo sonidos. También se los ha observado interactuar entre ellos, y la mejor forma de describir su comportamiento fue ‘…una siniestra imitación automática de lo que alguna vez fueron los niños. Basta con ver la falta de cadencia y naturalidad en sus movimientos, la carencia de significado detrás de las frías expresiones de sus rostros, para saber algo está mal. No hay espontaneidad en su accionar, son predecibles, como marionetas que se mueven por inercia, repitiéndose a sí mismas una y otra vez…’

Finalmente, y luego de postular teoría tras teoría sobre pandemias y virus desconocidos, los estudiosos optaron por alguna de las nuevas hipótesis. Varios de los científicos que se negaban a creer en ángeles y demonios, se convencieron de que alguna especie habría evolucionado a pasos descomunales y nos reemplazaría tan pronto nuestro ciclo finalizara. Muchos de ellos ocupan el tiempo que les queda en buscar debajo de las piedras y detrás de las montañas para ver si encuentran a la dichosa especie privilegiada por la selección natural.

Conociendo las revelaciones acerca de la condición de estos niños, muchas personas comenzaron a temerles y, con menos miramientos que si se tratara de un perro, que ‘por lo menos les movería la cola’, los abandonaron. Otras personas se apiadaron de esas pobres criaturas a la deriva y se consagraron a intentar devolverles una humanidad que quizás nunca tuvieron. Finalmente están los más inescrupulosos, que se dedican a su comercio como mano de obra, entre otras cosas.

Yo, por mi parte, voy a quedarme con mi hijo y cuidarlo mientras pueda; voy a tratar de disfrutar lo que me queda de vida, absorbiendo cada imagen, cada sonido, cada aroma y cada textura. Haré todo lo posible por enseñarle esa voluntad de llevarme conmigo todas las sensaciones. Que aprenda lo que pueda, quizás le ayude en algo a vencer esa vacuidad de los ojos que no le deja ver.

Tal vez, en algún otro tiempo, otros seres ocupen este espacio, pero el suelo no será el mismo que pisamos y el aire no será el mismo que pronto dejaremos de respirar. Es extraño, pero el formar parte de los últimos me da cierta sensación de responsabilidad. Tengo la necesidad de retener la mayor cantidad de información posible, siento que puedo guardar el mundo que conozco en mis genes, como si en algo tan minúsculo pudiese quedar grabado el todo que ahora se termina.
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Teo miró el monitor de su PC frustrado. No había suficiente memoria para instalar el ‘Black &White’ y no quería eliminar ninguno de sus otros juegos. Durante media hora, se dedicó a analizar sus opciones y casi desinstala ‘Los Sims’. Casi. Después de todo, hacía mucho que había dejado de jugar. Tiempo atrás,  se había aburrido de sortear, una y otra vez, el limitado repertorio de conflictos con el quel contaba el simulador social. Para ampliar sus opciones de juego había intentado que sus criaturas superasen los conflictos básicos. Sutilmente, había infiltrado en las mentes indicadas las virtudes de un determinado Decreto de Universalización que había redactado en Word; y con un par de descubrimientos en el campo de la ingeniería genética, inducidos de forma simultánea, el plan parecía no tener falla alguna. Pero el simulador no estaba diseñado para abstraerse de cierto nivel de conflicto y, a partir del Decreto, el juego se había terminado de arruinar.

En ese entonces, Teo no había querido desinstalar el simulador porque sentía que al eliminar a sus personajes estaba borrando un poco de si mismo. Ahora le pasaba exactamente lo mismo. Finalmente, en vez de deshacerse de ‘Los Sims’, resignó otro juego de menor valor emocional. En ningún momento pensó que sería cruel dejar a sus criaturas sobreviviendo en el mundo que había arruinado para ellas; con niños, a los que no les asignaría características particulares, naciendo; y con la sistemática incapacidad de desarrollar los conflictos básicos para los que habían sido construidos. No lo pensó, porque sus personajes no eran personas. Eran solo programas diseñados para representar ideas. Nada más.

Victoria Seinhart

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Mención, categoría alumnos de primero y segundo año :
“Asesinato en el aire”
de Pablo Cordero (Descargar en formato word)

Vuelo 816 con destino final a Buenos Aires se encuentra demorado debido a desperfectos.- Se escuchó por el altavoz.

Debí esperar unos minutos más. Luego anunciaron que ya podíamos embarcar. Rápidamente subimos a ese vuelo. Ya estaba en lo que sería un largo viaje desde Londres, sitio de unas merecidas vacaciones.

Necesitábamos un descanso y por eso elegimos Londres. Pero ese descanso había  terminado y  mi compañero y yo debíamos regresar a nuestro trabajo de detective, a nuestro pequeño cuarto donde centenares de casos nos habían sido planteados.

Era un avión muy moderno, y por cierto muy grande. Debía hacer una pequeña parada en Madrid, a pocas horas de Londres.

Cuando ya estábamos cerca de Madrid, noté que un hombre sentado unas filas más adelante que yo, se mostraba muy nervioso. Era un hombre de unos 40 años, vestía un  saco negro y tenía pelo corto. Poseía un enorme anillo en su dedo índice, que de los nervios golpeaba contra el apoyabrazos de su asiento, provocando un ruido muy molesto. Unos minutos después de aterrizar en Madrid, el hombre se levantó. Estuve por hacerle un comentario a mi compañero Alonzo, pero antes, ya sentí su ronquido.

Luego, también me quedé dormido por unas horas, y me despertó el  del anciano que viajaba a mi izquierda, también roncando. Me pareció que no iba a poder descansar mucho en esa ubicación. El avión acababa de despegar, ahora sí, con destino a Buenos Aires. Me dirigí hacia el baño, pero la puerta estaba trabada. Así que regresé a mi lugar. Al cabo de un rato, la puerta seguía cerrada.

-Señor, ¿se encuentra bien?- pregunté golpeando la puerta, pensando que había alguien adentro.

No escuché respuesta, así que golpeé más fuerte. Pero nadie respondió. Noté que aquel hombre no estaba en su asiento. Rápidamente notifiqué a la azafata, pero me dijo que no podía hacer nada.

Forcejeé la puerta hasta que conseguí abrirla, pero me llevé una gran sorpresa: Rodeada de sangre, aquella persona se encontraba en el piso. Ingresé al baño como si nada hubiera  ocurrido y  cerré la puerta. Le tomé el pulso, pero definitivamente estaba muerta. De repente empezó a sonar su celular, ubicado en su bolsillo. Durante un segundo dudé en atender, pero me decidí.

-¡Goncalvez! ¡No te muevas de tu asiento, no comas ni bebas nada! ¡Te van a matar en ese avión!-

- Detective Díaz, ¿Quién es usted?- Pregunté.

-¿Cómo? ¡¿Dónde esta Goncalvez?!

- El… está muerto.

-… Le dije que no debía viajar, se lo di…

-¿Quién es usted?- interrumpí.

-Soy un socio de Goncalvez, hicimos negocios en Londres, pero las cosas no salieron bien.

-¿Quién lo mató?- Pregunté intrigadamente.

-Nos andaba buscando una organización clandestina que se decía que operaban en Londres y en

Madrid. Debíamos cierto dinero y… ¡Es mejor que vaya a un lugar seguro,  quizás vengan por mí también! Trate de descubrir quién es el asesino en ese avión, o si no,  una vez que aterrice, se esfumará.

-Entendido, veré que puedo hacer.

Inmediatamente, cortó. Necesitaba encontrar algo, alguna pista que pudiera revelar al asesino, cuando casi caído del cielo, encontré un pequeño martillo, muy antiguo, con un mango de metal. Se encontraba debajo del cuerpo de Goncalvez. Pensé que el asesino le había golpeado la cabeza con él, aunque no pude notar ningún golpe significativo en ella. Igual lo revisé detenidamente, hasta que encontré las huellas digitales,  supuestamente del asesino. Pero dentro de un avión no las podía mandar a un  laboratorio. Miré las huellas detenidamente. Por la forma en que estaban marcadas, noté que el asesino era zurdo, ya que el dedo pulgar de la  persona, estaba marcado del lado derecho del martillo. Era un buen comienzo. Rápidamente salí del baño y desde afuera logré trabarlo disimuladamente, un pequeño truco que cualquier detective sabía hacer.

No convenía que los pasajeros se enterasen de que había un muerto en su vuelo, ni  tampoco que el asesino supiera que lo buscaba, aunque tarde o temprano, se iba a dar cuenta. Las azafatas buscaban entre los pasajeros quién estaba hablando por celular, ya que hacía interferencia con los sistemas del avión. Debía esperar hasta que sirvieran la comida, y ver con qué mano tomaban los cubiertos cada uno de los pasajeros.

Desperté a mi compañero y lo puse al tanto de la situación. Finalmente, sirvieron la  comida, la que rechacé al instante. Salí de mi asiento –también lo hizo Alonzo- y  observé disimuladamente a los ocupantes del avión..

Sorpresivamente, todos aparentaban ser diestros. Quizás el asesino era más listo de lo que pensé, pero yo confiaba firmemente en las huellas encontradas. O también podía ser ambidiestro. Pero esas teorías abarcaban conceptos muy abiertos. Necesitaba basarme en algo más específico.

-¿Qué te parece, Díaz?-. Me preguntó luego de observar a los pasajeros.

-Me parece que alguien capaz de matar a una persona dentro de un avión, de  una manera tan discreta, contando con el peso psicológico que eso implica, es  un asesino profesional. Estas personas saben lo que hacen de antemano.

-Muy buena observación, pero esta persona dejó el supuesto elemento homicida en la escena del crimen, con sus huellas marcadas, quiere decir que no usó  guantes, ni que tuvo la inteligencia de llevárselo con él.

-Es cierto, pero quizás el martillo ya estaba ahí antes del crimen.

-¿No sería mejor que avisemos a la policía?

-Aquí arriba no podría hacer más que nosotros. Vamos, es un caso interesante,  no está dentro de nuestro trabajo, pero tratemos de resolverlo desde nuestros  medios.

-Muy bien.

-Bueno, analicemos la situación. Durante la parada que hicimos en Madrid, ¿quiénes entraron  al  avión?-. Le dije a mi compañero.

-Solamente entró el personal de limpieza.

-Exacto. Me parece que el crimen está resuelto.

Al llegar a Buenos Aires, miembros de la tripulación encontraron el cadáver. Ya en el aeropuerto, nos acercamos a los oficiales Shelley y Zurlo, encargados del caso.

-Buenas tardes, Detective Díaz, mucho gusto, él es mi compañero Alonzo, ¿han encontrado al  asesino?

-No, ni tampoco sabemos por qué el martillo pudo entrar en el avión habiendo  pasado por los detectores de metales antes de embarcar, por lo que suponemos una complicidad de algún empleado del aeropuerto de Londres.- Me dijo uno de  ellos.

-Con todo respeto, pero están yendo por el mal camino. Acá el asesino fue un empleado  de limpieza del avión de Madrid, y le diré por qué. Dentro del avión,  la futura víctima (en ese momento) me llamó la atención por su grado de  nerviosismo. El sabía que corría peligro.

Luego de parar en nuestro primer  destino,  esta persona se dirigió al baño. Cuando el personal de limpieza entra,  ése es uno de los lugares que deben limpiar. Y así  lo aprovechó el  asesino. La  puerta estaba trabada por dentro, seguramente, pero son  fáciles de forcejear para alguien que sabe. Luego, el asesino bajó del avión, que siguió su rumbo y  así nadie sospecharía de él. Era un buen plan.

-Pero pudo haber sido cualquier empleado, igual tenemos que averiguar quién es.

-El Boeing 747 es un avión grande. Posee 6 baños y para agilizar la limpieza y que el vuelo no se tenga que demorar, a cada empleado le corresponde uno. De alguna manera, si no fue la casualidad,  el asesino buscó que le corresponda el  baño que pertenecía a la sección dónde estaba

Goncalvez. El crimen se produjo  en el número 3. Solamente revise quién está adjudicado de limpiar esa unidad y  ahí lo tiene.

-¿Y que hay del martillo, señor Díaz?

-El avión fue reparado antes de despegar, en Londres, un trabajador se lo puede  haber olvidado  allí. Es como el conocido caso Artuás, todos pensaron que el  arma encontrada era la homicida, pero con las pericias se pudo comprobar que  no lo era, y que el arma ya estaba allí en el momento del crimen. Pero como  dijo mi buen maestro: “Nunca hay que quedarse con la  primera impresión”.

- Puede ser, ¿pero si eso fuera incorrecto?

-Tan sólo averigue si hay algún técnico zurdo que reparó el avión antes de  despegar. Tan sólo el 10% de la población mundial es zurda, así que dudo de  que haya más que uno.

-Interesante, ¿pero cuál fue el motivo del crimen?

-La víctima, Goncalvez, junto con su socio, hicieron unos negocios, pero como èl  dijo: “las cosas no salieron bien”, y aparentemente estaban siendo perseguidos,  según me dijeron. Esto lo sé porque pude hablar con su socio por teléfono, en  una desesperada advertencia de lo queiba a suceder en ese vuelo.

Días después, nos encontrábamos en el cuarto, cuando leyendo el diario, me asombro  con la noticia:

“Se resuelve el Caso Goncalvez”

Fuentes de la policía informaron que el jueves, en Madrid, fue arrestado el inglés Desmond O´Shea, responsable del homicidio de Goncalvez. Junto con él cayó su banda. En su escondite, fueron encontrados 3.21 millones de euros falsos. Según averiguaron las fuentes  del diario El Informador, la víctima y su socio entraron al negocio ilegal, pero luego hubo  una disputa entre sus miembros por el dinero. El socio, quién fue identificado como Marcelo Bravo, se encuentra  prófugo.

Personalmente, éste fue uno de los casos más interesantes que me tocó investigar.